viernes, diciembre 22, 2006

El CUENTO DE SAN PEPINO

CAPÍTULO XVI

El viento soplaba con mucha fuerza y un cúmulo de objetos entre los que había ramas, arbustos e incluso pequeños animalitos como lagartijas y escarabajos, volaban en todas direcciones. Incluso daba la sensación de que las estrellas eran abducidas por el viento y parecía que en cualquier momento serían arrancadas del cielo y caerían sobre la tierra.
El oráculo disfrutaba del espectáculo en el centro de la escena con los brazos levantados como si fuera un dios implorando a alguna fuerza superior.
El caldo que hervía en la oscura olla se había tornado viscoso como gelatina y las formas que iba tomando eran las de un humano. Primero la cabeza, después los brazos y el tronco; la gelatina fue subiendo dando cabezazos hacia un lado y otro.
Un gato negro, a lo lejos, volaba a varios metros de altura dentro un remolino de viento dando vueltas sobre sí mismo.
El remolino fue acercándose lentamente atraído por la fuerza magnética que desprendía el oráculo hasta que, por su parte alta, empezó a doblegarse cuando llegó justo al lado de este y como si de un embudo se tratara, dirigió su boca hacia la olla haciendo que el gato negro cayera arrojado en ella hasta quedar zambullido en el brebaje viscoso.
El estruendo fue impresionante. Las formas que momentos antes parecían las de un humano, explotaron revistiéndolo todo de gelatina viscosa. Después de la explosión, un gran haz de luz violeta salió como una ráfaga de la olla, iluminando toda la montaña. El resplandor duró unos segundos, los suficientes para que el tío Sam y sus dos compañeros quedaran absortos ante esa visión. No estaban lejos del lugar de donde provenía ese haz de luz, solamente tenían que sortear una pequeña subida y se encontrarían de bruces con él. La intensidad de la luz fue menguando lentamente. Poco a poco fue retrayéndose en la olla hasta que su altura no llegó más lejos que a la altura de la cabeza del oráculo, entonces, el rayo, comenzó a tomar formas extrañas y a mezclarse con el brebaje que todavía quedaba en la olla. Poco a poco las formas fueron apoderándose de la luz y todo adoptó la forma grotesca de algo que parecía un muñón de pasta dentífrica el cual desprendía una gran cantidad de energía.
Lentamente el muñón iba tomando la forma de un extraño animal. Primero los cuernos de un toro y después una gran cresta de gallo, daron forma a la cabeza que, a la vez, adquirió el semblante de un felino.
Los brazos surgieron del muñón como explosionando desde dentro de éste y se convirtieron en los gigantes brazos de un roedor. Más tarde, mientras el oráculo ardía en éxtasis ante la visión de aquel abominable ser, el cuerpo de una bestia diabólica, mitad hombre mitad animal, salió por completo de la olla. Tenía dos patas de caballo sobre las cuales andaba. El tronco era el de un toro y los brazos eran de un roedor. El oráculo pensó que quizás algún ratón había caído en la olla, pero no importaba la obra estaba realizada.
La cabeza del monstruo era lo más llamativo. La cara era alargada como la de un caballo pero había adoptado el rostro del gato negro que cayó en la olla. Sobre su cabeza dos cuernos de buey estaban separados por una gran cresta de gallo roja. No tenía absolutamente ningún pelo en todo el cuerpo y la gelatina viscosa todavía se podía ver impregnaba en algunas zonas de éste. Pero lo más misterioso de todo era el aura color violeta que rodeaba al monstruo.

2 Comments:

Anonymous Pepi said...

Para cuando la siguiente entrega?
Esta de lo mas interesante.

8:12 PM  
Blogger Miguel Torres said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

12:03 PM  

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